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VIAJAR

Desde siempre he tenido como objetivo conocer los distintos lugares del mundo, dado mi imaginación soñadora, desde siempre he pensado que «es imposible llegar a nada importante si uno de alguna manera antes no lo ha soñado o no lo ha deseado».

El sueño te da perspectivas de futuro, te ayuda a modelar la realidad y adaptarla a tus potencialidades. También te llena de esperanzas e ilusiones, y te hace empezar de nuevo, buscando la perfección en todo lo pensado.

He viajado por toda España, y también por otros países que han contribuido a ampliar el horizonte de mi pensamiento, sin embargo nunca dejé de visitar mi pueblo, Alcuéscar, ni lo dejaré mientras viva.

Cuando mis amigos de Madrid, me preguntan sobre las características del lugar, con gran orgullo, le cuento el pasado romano y árabe de nuestro pueblo, su excelente microclima, que nos permitió, a lo largo de la historia, deleitarnos con la variedad de sus productos agrícolas, como los olivares, en aquellas espectaculares sierras todas repobladas, con los grandes sacrificios de nuestros antepasados, las vides, higuerales, cereales, frutales y todos los productos hortícolas.

Las dehesas de encina y alcornocales espectaculares, donde se alimentan sus toros de lidia, y demás animales de carne, como el ovino, bovino y de cerda que contribuyen a lo que debe ser el ecologismo.

Pero lo que me hace seguir visitando mi pueblo son sus gentes, son las personas, son mis paisanos con los que disfruto con el vivir de cada día.

Son para mí, gente anónima de las que no conozco su nombre, que enriquecen el paisaje del pueblo por su juventud, su apostura, sus ganas de vivir. Es un pueblo de jóvenes, a los que no tengo la fortuna de conocer de manera individual. Son generaciones que han recibido el barniz generoso del tiempo, y en este tiempo, aparecen guapos, altos, fornidos, inteligentes, acompañados de todas las señales de hoy: móvil, ropaje, experiencia en las redes sociales, escasos de lecturas etc, etc……

Son tantos años los que pase…. fuera del pueblo,  que no acierto a conocer aquellas caras,  correspondientes a personas de menos de cuarenta años. Pero no importa, en cualquier momento, puedo saber quiénes son, y hacia dónde dirigirán sus vidas. Bastará con que le pregunte “ Y TÚ, DE QUIEN ERES” y al momento el interlocutor y aquellos que están a su alrededor, te explicarán el árbol genialogico del joven, y en muchas ocasiones, ni así podrás llegar a conocer quien es esta joven, este niño, o aquel adolecente. Si eso ocurriera vendrá lo definitivo, para el conocimiento total del individuo, cuando aludan a su “mote” pocas familias de pueblo carecen de “mote”.

Esto es todo un ceremonial, donde existen palabras tiernas, bruscas, insinuantes, miedo, desvergüenza. Todo dicho en alta voz, y muy pormenorizadamente explicado, la amabilidad y simpatía es el rasgo común en mis paisanos.

Toda esta juventud fluye por la calles del pueblo, quizás sin tener conciencia, que viven en igualdad y en libertad, no plena, pero si en lo fundamental. Todos estos muchachos tienen la oportunidad de formarse, de estudiar. La cultura y educación está al alcance de todos, de manera gratuita, igualmente ocurre con la sanidad, no existen mendigos. Hay libertad. Están viviendo un siglo de oro, en nuestro pueblo, y seguramente no aprecien de forma justa el bienestar del  que están gozando.

Allá en los campos insuflo mis pulmones y mi vida entera. Con detalle, vuelvo a recorrer aquellos bellos campos, bendecidos por Demiurgo,  que hacen de nuestro pueblo un lugar privilegiado, con paisajes de extensa vegetación y un cielo azul velazqueño,  con gran variedad  de animales de caza mayor, como el jabalí, el ciervo y de caza menor, como perdices, tórtolas, palomas, conejos y liebres y vastedad  de aves como los milanos, águilas, cernícalos y todo tipo de pájaros.

Ya en lo alto de la Sierra Centinela, se encuentran los cerros más próximos a nuestro pueblo como son “El  Monte Calvario” y el “Gatillo”. Desde la cumbre del “Monte Calvario” se distingue, un enmarañado número de caminos rurales, cordeles y veredas accesibles, que permiten surcar aquellas tierras vírgenes y vacías, de escasa población, dónde todavía la naturaleza no es agredida por el hombre.

En el paisaje de aquellos lugares predomina el alcornoque, la encina, el castaño y abundantísimo el olivo. También tenemos que contar con un clima suave, en la mayor parte del año, que posibilita la práctica del senderismo y rutas a caballo. El agua no escasea en nuestro pueblo, manantiales como los del trampal y charcas como las de Valderrey, la del Cura y la Albuera, permiten el cultivo de todo tipo de hortalizas.

Aquellos parajes, no sucumben pese al tiempo, permanecen inalterables, y son testigos mudos del acontecer de las diferentes vidas,  que caminaron y caminan por allí, donde es posible VER EL SOL, con sus efectos intensos de calor que se sofoca poniéndose a la sombra, de los naranjos y fuentes naturales de alguno de los huertos, que abundan por aquellos lugares.

Y ya de regreso, en el pueblo, veo como se me va pasando el tiempo, al observarme en el espejo implacable de mis contemporáneos, los cambios físicos que experimentaron durante el tiempo vivido y que por supuesto también me afectan a mí.

Allí, me junto y converso, con mis “amigos de siempre” con quienes experimento una gran felicidad. Además, disfruto con otros, que conozco desde siempre, pero con quien nunca había tenido la posibilidad de conversar, y con asombro descubro, que el alma de la mayoría de las personas de nuestro pueblo, son gentes de bien.

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