COMENTARIO AL LIBRO DE MI AMIGO SEBASTIÁN GONZÁLEZ MORADO.

Madrid, 24 de Febrero de 2018

Sebastián, ¡Buen Amigo!:

De ninguna manera podría dejar de comentar tu libro, “ La castidad”.  Y a ello voy.

Lo que más desearía, en este menester, es contra replicar los aguijonazos que constantemente  sometes a mi razón. Porque todavía conservo mi rebeldía y me da coraje, que aún estemos en esto.

Te muestro estos versos de, Antonio Machado, para que veas que antes  que nosotros han existido hombres honrados, con gran profundidad en su intelecto, que se dedicaron a vivir, y nunca buscaron tragedia alguna en su final. No hay que estar tan preocupados por lo que venga, incluso aunque lo que venga, si viniere, fuese malo. Y te lo dice una persona que carece de tu fé.

                Al borde del sendero un día nos sentamos.

Ya nuestra vida es tiempo y nuestra sola cuita.

                Son las desesperantes posturas que tomamos

                para aguardar…… Más ella no faltará a la cita.

Hago abstracción del fondo del asunto y paso a comentar tu libro en el que  utilizas amplia bibliografía, de campeones de la Iglesia, con el fin “so ladrón” que sean irrebatibles tus argumentos, actúas igual que el cirujano que, con gran precisión, va deshaciendo el tejido malo para impedir un nuevo brote en la enfermedad.

Aunque tu libro, es un libro de fe, no abandonas tu tendencia al razonamiento científico, pues intentas demostrar, en todo  lo que dices, que es imposible rebatir tus argumentos. Es como querer conseguir  la cuadratura del círculo ya que tu postura analítica,  en la materia que tratas, al final has de sustentarla en la fe.

Teniendo en cuenta la fe, y la doctrina de la Iglesia, tu libro es incuestionable. Así, es como tendría que comportarse los católicos practicantes. Pero me temo que el que lo intente cumplir habrá de ir más de una vez al confesionario a declarar su culpa de no cumplimiento.

Técnicamente tu libro es conceptista, como lo eres tú, se entiende muy bien lo que dices. Aunque para un profano, en la  profundidad de la doctrina, le parecerá un horror. Es un libro de un hombre que a pesar del tiempo, no ha abandonado su lucha, aunque te recomendaría que hicieras algún estudio antropológico, sobre este asunto, porque seguramente te resultara interesante ver cómo ha ido evolucionando el pensamiento cristiano sobre la castidad. Creo amigo, que has echado mucho  tiempo, en algo que nos han de dar resuelto. Hago propias  las palabras de D. Quijote:

“Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces”

A mi entender lo más sobresaliente del autor en “La Castidad”  es lo siguiente:

  • Muy firme en todo lo que dices, vas adelante con diligencia, sin duda, sin vacilación, en  lo que se refiere a la doctrina de la Iglesia y a Dios, al que tan profundamente te vienes dedicando.
  • Tu prosa es clara y rigurosa pero solo entendible para aquellos que, como tú, tienen el don de la fe.
  • Durante todo el libro renuevas el CREDO, LO HACES CON PLENITUD Y ENTEREZA AFIRMANDO “Ese Dios tan grandioso es el que nos dice que seamos” castos”.
  • Algunas explicaciones me han parecido simplistas, sobre todo cuando abordas la diferencia entre la contracepción y la continencia periódica, en ello no tienes en cuenta que el descubrimiento de los periodos fértiles de la mujer son bastante recientes.
  • Muy curioso me resultó tu explicación del apartado C) Cuando la mujer desea ser fiel y el hombre no. Lo resumes mucho en comparación con las explicaciones que das en el B) Cuando el hombre desea seguir la doctrina de la Iglesia Católica y la mujer no. Te lleva tres hojas y algo más. Para el C)  Siete líneas y lo más descriptivo es cuando dices: “una vez explicada su postura, se limitará a dejar HACER AL MARIDO y su conciencia quedará libre de culpa” olvida que cuando no hay oposición, hay colaboración y por mucho que te expliques el colaboracionista también es culpable. A parte, no te ofendas, por favor, que hay algo de “machismo”

Lo más importante es que en tu prosa desbordas en todo momento la buena fe y mantienes ese afán de compartir tu verdad,  esa generosidad empeñada sin ambages en llevar a todo el mundo al Cielo.

Aprovecho tu libro para conversar contigo, mi buen amigo, sin dramatismo. Deseo decirte que nunca me he sentido con tanta plenitud, como en este tiempo. No tengo turbación ninguna por lo que me resta por vivir, que ya no puede ser mucho. Dios me ha liberado de ese existencialismo que tanto me hizo sufrir en mi juventud. Al contrario que tú, cada vez entiendo menos la fe. Soy AGNÓSTICO, No entiendo, ni quiero entender la doctrina de la Iglesia aunque sigo apoyándola. Lucharé con todas mis fuerzas para que siga existiendo, a pesar de sus errores, me ha dolido muchísimo la postura de la Iglesia con el tema catalán.

Creo que es suficiente con esta vida, no hace falta más, y si hay otra, no la entiendo. He descubierto más  consuelo en lo leído y reflexionado, por los hombres de talento, que en las homilías de todas las misas a las que he asistido y sigo asistiendo. En pocos lugares he hallado mayor tedio y aburrimiento, que en el ritual de la Iglesia. Y sin embargo:

Converso con el hombre que siempre va conmigo

-quien habla solo espera hablar con Dios un día-

mi soliloquio es plática con ese buen amigo

que me enseñó el secreto de la filantropía.

A.Machado

Nuestro tiempo está concluyendo y por ello es necesario que estemos tranquilos, no pasivos, no obsesionados con algo que ha de venir, debemos seguir haciendo todo aquello que nos hace estar vivos, ya no hay tiempo de cambiar lo que somos, y hemos sido.

Tú ya no puedes ser más bueno, llevas setenta años esforzándote por ser bueno, y no dejarás de ser bueno aunque te saltaras un millón de misas, o aunque fueras  un obseso contra la castidad, ni podrás ser malo aunque lo quieras, lo que has sido es lo que eres. A mí me pasa igual, y aún peor, porque no voy nunca al confesionario arrepentirme de mis maldades.

Uno no deja de ser malo o bueno según convenga, ni porque vayamos a confesarlo. Esos vaivenes son cosas de los hombres, no de Dios.

Para finalizar vuelvo a A. Machado. Nosotros

Íbamos soñando caminos

De la tarde. .¡Las colinas

 doradas, los verdes pinos,

                las polvorientas encinas!…

¿ A dónde el camino irá?

Ya casi sabemos a dónde va el camino, y vemos que la tarde cayendo está. Cada cual sigue su camino aunque :

La tarde más se oscurece;

y el camino que serpea

y débilmente blanquea,

se enturbia y desaparece.

Para terminar vuelvo a A. Machado:

                        Ayer soñé que veía

                        A Dios y que  a Dios hablaba;

                        Y soñé que Dios oía…..

                        Después soñé que soñaba.

Por mi parte termino con las palabras de D.Quijote:

                        “Después de las tinieblas espero la luz”

                               Fernando Jiménez Guerra

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